Ley de memoria y consenso social
“La historia es para los historiadores y el derecho para los juristas”. Esto afirman muchos de los detractores del Proyecto de Ley de Memoria Histórica. Esta frase, no por simple y simplista deja de tener una determinada carga valorativa no precisamente incluyente. Con ella se obvian dos hechos que hacen referencia a la naturaleza de la historia y del derecho.En primer lugar que la historia no solamente es una disciplina científica sino también una construcción social que ayuda a generar consensos y sentimientos de identidad. En Francia tenemos claros ejemplos de ello: existe un consenso social entorno al valor de la revolución francesa de 1789, por poner el ejemplo más conocido. No sólo los historiadores reactualizan este hecho histórico. También los ciudadanos y las instituciones lo hacen cuando leen los primeros o graban las segundas en logos oficiales y a la entrada de los edificios públicos la tríada “Liberté, égalité, fraternité”. Esta reconstrucción del pasado genera consensos y sentido de pertenencia.
En segundo lugar estos detractores de la Ley de la memoria menosprecian un hecho que, desgraciadamente, también los juristas olvidamos con frecuencia: que el derecho no es solamente es un conjunto de preceptos destinados a ser manejados por jueces y abogados sino también una parte importante del patrimonio cultural de la ciudadanía de un país. Así se percibe en Francia, por citar el ejemplo vecino, la Constitución de la V República o el Code civil de 1804. El derecho francés representa unos determinados valores y una determinada cultura jurídica que la ciudadanía percibe como la suya en contraposición con otras formas de entender el derecho.

