El coste de los derechos
Artículos en este sentido son más necesarios que nunca, especialmente en campaña electoral.
Recientemente se publicó la traducción al alemán de “Les bienveillantes” de Jonathan Littell. El circo que se ha organizado alrededor de este fenómeno literario/mediático ha superado, si cabe, al que se organizó en España. Quizás tenga algo que ver la fascinación/mala conciencia que en Alemania levanta toda obra sobre “el tema”.
El Frankfurter Allgemeine Zeitung se ha apresurado a abrir una lujosísima “sala de lectura” dedicada al libro en la que uno puede leer un texto de Jorge Semprún al respecto.
En el “Süddeutsche Zeitung” la crítica no es tan positiva y sí mucho más objetiva. Pero nada comparable con la de “Die Zeit”, que
fulmina a Littell hablando directamente de monumento “Kitsch”. Me siento más cerca de esta última valoración del libro de Littell.
Sea como sea, este libro y su autor tendrán unos meses más de show business, esta vez en Alemania, el país que analiza
y despieza toda página referida al pasado nazi.
Está por ver si el juicio alemán supone su entierro definitivo o si continuará dando qué hablar.

Viajar a 300 kilómetros por hora, plantarse en 3 horas en Madrid es sin duda un progreso enorme por el que todos deberíamos felicitarnos.
Dicho esto, y partiendo del hecho de que los 300 kilómetros por hora también los alcanza el TGV en Francia y el ICE en Alemania, conviene introducir algunas cosas, aún a riesgo de que le tachen a uno de aguafiestas o demagogo de izquierdas.
El AVE es un tren de lujo, un tren clasista, un tren que discrimina. Los controles de seguridad, la forma en la que se hace el acceso al tren (embarque le llaman), el número de servicios que se prestan y el precio que cuestan hacen que el AVE sea un tren que puede resultar antipático, un tren no hecho a la medida del viajero de tren convencional sino a la medida, sobretodo en las tarifas, del hombre de negocios, usuario del puente aéreo.
Desde que uno llega a Sants tiene la sensación de ser diferente al resto de los mortales usuarios del tren. Se ha reformado y saneado la imagen de esta fea estación: Un gran logro. Quizás ya no sea la más horrible del mundo. Pero al escaso espacio que tenía ya Sants se le ha amputado una parte para crear un espacio de acceso exclusivo para el viajero AVE. Si antes Sants ya era un hormiguero por los miles de personas que viajan en cercanías y regionales, ahora la estación tendrá una densidad mayor.
Sale el tren. Sorprende que en nombre del AVE se haya reducido todavía más el número de vías convencionales de acceso a Barcelona. Supongo que cada vez habrá menos trenes de largo recorrido que circulen por las vías de ancho ibérico. Pese a ello las vías son escasas.
Más allá de la gran Barcelona sorprende ver que, al tratarse de una línea construida en el siglo XXI, corte el paisaje, atraviese lugares por los que nunca antes había pasado una vía de tren o una autopista, por sitios por tanto que no se modernizaron ni crecieron con la llegada del ferrocarril en el siglo XIX o con la llegada de las autopistas en el XX. El tren atraviesa valles angostos, pasa cerca de pueblos minúsculos, viejos, aislados. Esto da un toque pintoresco al viaje que el usuario de la autopista nunca obtiene.
Evidentemente esto ha supuesto un gran coste económico y mediambiental.
En todo caso me alegro de que el AVE una finalmente Barcelona con mi pueblo.
Me alegro que haya aparecido una competencia seria al avión, un medio de transporte insostenible desde el punto de vista energético y ambiental.
Ahora solamente falta que Cataluña pueda tener una red de transporte ferroviario de cercanías y regional adaptado a los tiempos que corren.
I did not explain that cashier in Sabadell the huge problem caused by waste in Naples one month ago. That crisis was just the announcement of a great problem our society has to face: the increasing of all kind of wastes. Get ready for the war on garbage!
Reprodueixo el text de la conferència que vaig fer a la Fundació Bosch i Cardellach el 17 de gener
S’hi n’era una vegada, fa molts i molts anys, cap al segle V abans de Crist, una noia molt bonica i verge que es deia Virgínia que vivia amb el seu pare, un legionari romà anomenat Virgini.